jueves, 28 de julio de 2016

Esta es una buena empresa, si puedes quedarte, quédate.

Fotografía de A.Misas. Calle Fuencarral, 2009.
                  

Para todos los de GSS de aquí y para “Los otros”.



Por encima de todos los murmullos se oye su voz ronca y enérgica. Me ve y me abraza con fuerza. Es el primero que vi la primera vez que vine aquí, me dijo eso que pongo arriba, lo de esta es una buena empresa, si puedes quedarte, quédate. Él es Pedro Cobo. A veces me pregunto cuándo empezó a disfrazarse de Pitingo, y por qué eligió a Pitingo y no a Bill Porter, el de “Door to door”.

Ella nos observa desde su mesa como si se tratara de un grupo de seres libres y locos. Aquella chica insolente con la que hablé por teléfono la primera vez resultó ser tan respetuosa, tan educada… y tan de hacerle a uno preguntarse; ¿Cuáles son los últimos principios y causas del mundo? En ella hay una candidez a la que los demás ya nunca podremos regresar. Ella es Vanessa.

Sai Monleón levanta la mirada, hay algo que está apuntando en la agenda y que no se le escapará nunca. Encorvado ladea la boca para sonreírnos, parece un gesto tímido, pero uno de sus dientes produce un destello, el mismo destello que el de un tahúr del Mississippi con su chaleco y su reloj. Pero Sai Monleón esta semana es Jerry Maguire.

David Esteban tiene eso que tienen los tipos duros. Sobre su aura suena aquella canción de Talking Heads: Phycho killer. Podría ser  Michael Madsen haciendo de Mr. Rubio en “Reservoir Dogs”. O Lee Anderson exhibiendo su resentimiento en “Escupiré sobre vuestra tumba”, donde Boris Vian logró herir la sensibilidad del lector. Sin embargo, a mí, me dio alguna buena pauta a seguir y, para mí, es alguien a quién respetar, apreciar y evocar en momentos difíciles.

Detrás de esas gafas negras no se esconde John Belushi (aunque cuando aparece con David Esteban son los Blues Brothers) se encuentra el hombre que suma siete y viene a compartir esa suerte y energía con nosotros. Es Javier Casado, El Risas, ganador de aquel programa de Genio y Figura. Al mismo tiempo que vemos en youtube los videos de su fama, habla y ríe, es una ametralladora de carcajadas y palabras que crisparía los nervios al hombre más paciente de la biblia.

Ella nos habla de medusa sunbeach, Tomorrowland, Creamfields, Sensation, Misteryland… y nos pone imágenes fascinantes. Cuando nos habla de esto, para mí es Pris en “Blade Runner”, en la adaptación que hizo Ridley Sccott de la novela de Philip K. Dick; “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, es Miriam imprimiendo alegría y carácter al staff técnico en un mundo de ciencia ficción, y yo la admiro con la boca abierta, anonadado.

Tiene un halo de suficiencia a pesar de los revolcones, que supongo a estas alturas, le habrá dado la vida. Pone el mentón alto cuando apuesta por la humildad; las palabras son el espejo del alma. Saberlo todo no es lo mismo que suponerlo, hace falta entenderlo para no contravenir al atrevimiento que a veces nos da la experiencia. Matilde es pertinaz, obstinada hasta en la paz.   
  
Últimamente Inma, por las mañanas, antes de bajar a vernos con sus ganas de vivir, mientras se arregla, canta… canta esa canción de ABBA: money, money, money. Ella es tan “sentido y sensibilidad”, es tan “Jane Eyre”, es como si Charlote Bronte nos hubiera puesto a trabajar aquí con nosotros, a su personaje. Siempre la preguntamos todo a pesar de esa incertidumbre que la hace dudar. Ella también cree que yo soy Moncho Borrajo, aquel tipo que le pedían un poema y lo improvisaba ¡sin más!

Nacho es inmenso por propia convicción. Él es Jhon Wayne en “El hombre tranquilo” y cuando estoy con él, estoy en días de cine. La vida es un largometraje y él es un fajador constante. Todo es mejor a su lado. Su ritmo sólido, su mundo inmutable, su forma diferente, sus cosas, su my way y cuando canta parece que dice: “I've lived a life that's full/ I've traveled each and every highway /But more, much more than this / I did it my way” 

Ángel todas las mañanas en el chat saluda como si estuviéramos en Barrio Sésamo. De sus adentros solo sale fuerza, palabras de aliento, como si te hubiera encontrado por ahí, en medio del mar, te reprende infatigable al igual que un maestro antiguo, para que prosperes, para que bailes (La vida puede ser la fiesta que esperamos, pero mientras estemos aquí, ¡deberíamos bailar! o mejor dicho ¡deberíamos cantar!), mejor en cada detalle y te va otorgando el derecho a tener la voluntad de ganar, para que ganes. Hace que me sienta como Billy Elliot. 

Javier, que es Clément Mathieu, aquel profesor de música que dominaba la magia del canto. A veces pone una variante del acento catalán cuando nos habla (seguramente porque ha mantenido una larga conversación con alguien de “Los Otros”, con Robert… o tiene raíces o bienes raíces en Cataluña, no sé). Está claro que domina la mímesis y palabra, la radiografía de la pasión y la necesidad humana, y el método, y la dirección de “Los Chicos del coro”. Y podría hablarte con una sonrisa hasta el amanecer de casos de éxito, de contextos de superación, de anécdotas de clientes… Él maneja escrupulosamente el lenguaje para adaptarlo al mundo que nos atañe, con el único y último fin de catequizarnos. Todo está en la actitud, la palabra, y en la seguridad, o era en las cámaras, no sé.

Laura Carriedo siempre me produce eso que produce el paisanaje, su apellido me hace evocar la escarcha de los prados verdes en las mañanas frías y soleadas de nuestra tierra. Ella ni siquiera es de allí, pero su apellido me hacía visualizar las alfombras verdes de los valles pasiegos, el paraíso… que me tuviera en cuenta era importante para mí, la echaré de menos.    

Las escaleras metálicas del edificio del parque tecnológico parece que se pensaron para ser las del interior de un barco. Las de una nave que nos lleva hacia los campos agostados del verano…

Pongo la huella de mí pulgar y se abre la puerta. Fue David quien se peleó con mis dedos. Los de Gutiérrez le pusieron por las nubes, les dije, todos son muy buenos, pero David es el mejor.    

Nelson está al otro lado de la puerta al mando de este lugar azul, y hoy podría dibujarse su entusiasmo en el aire. Esa naturaleza gentil que le hace ser afectuoso y alegrarse cuando nos reunimos todos, y sobretodo, cuando la cosa va como un cohete, él sabe que va "Navegando hacía el cuarto paradigma".
 
Sheila, Laura, Feli, discretas, sobrepasan el umbral con un vasito de café de esos de plástico al mismo tiempo que yo. Dicen buenos días a Paula al mismo tiempo que yo, apenas las conozco. Tienen ese aspecto de la gente que te gustaría conocer más, hablar con ellas, saber quién son. 
 
Y hoy hay ese revuelo. Siempre lo hay cuando nos juntamos todos. 

Madrid, 28 de julio de 2016
Antonio Misas