Ir al contenido principal

Entradas

Entrada destacada

Evanescente y primorosa primavera

La chica se puso las bragas a oscuras, agarró el resto de la ropa y abandonó la habitación. El hombre se había quedado dormido. Miró por el ventanal del salón y vio una mariposa revolotear entre las flores. Quiso tocar los objetos de aquel tipo que le había deslumbrado la noche anterior. Posó la ropa sobre el sofá y prestó atención a los colores vivos de los cuadros. Pasó la mano por la caoba del piano y leyó las letras doradas que decían:   Steinway & Sons, Patent Grand, New York. Cogió entre sus manos una fotografía antigua de una mujer sentada al piano, parecía hermosa. Todo le parecía armónico. Se acercó al espejo del recibidor, se quitó las bragas y observó su cuerpo desnudo, se detuvo en su sexo depilado, contempló sus curvas, sus pequeños pechos prominentes de pezones erizados y se sintió la mujer más bella de la tierra. Volvió a ponerse las bragas, se dirigió hasta el sofá y acabó de vestirse. Cuando salió a la calle le embriagó el olor de las flores, la luz, el c
Entradas recientes

regresar al padre

  Para Luis Tenreiro y Alicia Tenreiro Han pasado muchos años desde que salimos de aquella pandemia. Dicen que la vida nunca volvió a ser la misma, pero aquella situación me dio la oportunidad de tener una relación estrecha con mis padres, y aunque crecí en un mundo cargado de incertidumbre, fueron para mí, días de juego y de ilusión. Hoy pienso en esos días como en la etapa más feliz de mi vida. Agradecer a mí padre el amor incondicional que me profesaba, era poco, así que sorprenderle era una necesidad para mí, quería que estuviera al tanto de esa inmensa suerte que era tenerle.           Para darle la bienvenida cada vez que venía de viaje me pasaba la tarde preparando collages. Quería sorprenderle para ver en sus ojos la única verdad que entonces me importaba. Papá era un ser apasionado con todo lo que hacía, disfrutaba de su trabajo, de la buena gastronomía y de la música, y todo, todas sus pasiones las compartía conmigo.   Han pasado muchos años y hoy le observo mie

nada hay parecido a la intuición de una mujer

Para M.L. Cuando me llamó esta mañana, yo venía del parque. En Madrid el sol del invierno es capaz de subirte el ánimo como si se tratara de un día de verano y hasta te olvidas del Covid19 y de toda esta mierda que nos está pasando. La gente con sus mascarillas pasea, monta en bicicleta y hace deporte. A mí el Juan Carlos primero me parece una coño mierda, pero en   esta ciudad no puedes aspirar a más, esto no es Santander, es un territorio limitado. Y mientras hacía el ejercicio de pasear y disfrutaba de esta mañana soleada, mientras regresaba del parque me llamó atormentada, casi rota, para decirme que se le desgarra el corazón. Y la escucho sollozar cuando me cuenta las últimas noticias… y me dice cuanto duele y que cree estar enredada en un episodio de ansiedad, y que se siente errar dos veces por un mismo motivo, y que se siente fracasada y condenada en medio de este azote que hoy le da su exmarido… y que la cuesta seguir, y que va camino del trabajo. _ Hola ¿Cómo estás? _

Todas las veces de nuestra vida que hablamos de ello

Para Nuria y Pablo   Nos cruzamos por las escaleras mecánicas. Para mí fue la primera vez que nos vimos de esa manera que él dice, para él, una oportunidad más, como me diría el resto de todas las veces de nuestra vida que hablamos de ello. _ ¡Hola Chicos! Nos vemos luego en la cena.- Les sonreí y saludé con la mano mientras bajábamos, ellos subían. Nos giramos para ver cómo se perdían al final de la escalera mecánica ¡No dejaban de mirarnos!   Era simpático, pero no era mi tipo. Hasta entonces me había hecho una idea del hombre con el que compartiría mi vida, puede que una idea pueril, al fin y al cabo, por entonces era una chica que había crecido en un mundo feliz, puede que una chica de esas que se atreven a soñar con un príncipe azul, aunque por otra parte, sería un príncipe impreciso. Me causaba satisfacción hacerme esa idea abstracta de un hombre y me sentía ilusionada y segura dentro de un porvenir incierto en el que no podía saber nada y eso, en cierta manera, cuando ha

Crear el mundo

Para Mike Caballero Amanece como en una pintura. El horizonte es de ese rojo fuego que a pesar de haberlo visto tantas veces, tantas veces nos sorprende.   Se va disipando como el incendio de todas las verdades que en estos días acechan a la humanidad y que tal vez, nunca serán dichas. Los hombres solemos ser previsibles en nuestro discurso, incluso me atrevería a decir que presentamos novedades sin contemplar actos creativos que aspiramos a compartir reiteradamente con aquel que nos encontramos limitándonos a la monotonía. Pienso en ti y en eso de crear el mundo que decía Michael Bennet. Me refiero a esa parte en la que dice: “Lamentablemente, casi siempre, la persona se relaciona, escucha, lee y ve aquello que reafirma lo que piensa. No es frecuente encontrar a personas que tratan de descubrir en lo otro, en lo diverso, una mayor riqueza a su pensamiento del mundo.” Y pienso en nuestras conversaciones como en un alimento… Hoy es el primer día frio de noviembre. Los arboles

november rain

  Después de los años aquel tipo volvió a mí para llenarme de reproches. Se separó de otra mujer con la que no llegó a consolidar la relación, que desde un principio, se suponía vana. Se separó de la misma manera en que un día se alejó de mí, con la cobardía de los hombres inmaduros. Perseguía incapaz un paraíso que solo podía existir dentro de su cabeza, pues era un ser atormentado en sus ideas y en su noción del amor. Parecía condenado a permanecer el resto de sus días en un mundo distorsionado. Y en la fría lluvia de noviembre me abordó con su resentimiento para producirme un dolor que yo ya había olvidado. Me despachó en una noche de tormento haciéndome sentir culpable una vez más. Ahora pienso que la última. _ ¿No crees que necesitas a alguien? Todos necesitamos a alguien.   _ Nada dura para siempre y ambos sabemos que los corazones pueden cambiar. Pude ver como vino a mí alejándose de mí desde el principio de la tarde. Cada palabra suya me llenaba de soledad y desdicha

de nada sirve la razón ni la verdad

  Amanece con niebla. No queda nada del calor asfixiante del verano y solo en la mente permanece esa percepción y certeza de un mundo enfermo, aunque la sensación de que por fin ocurra algo distinto, no cesa. Los niños acuden con mascarillas al San Pedro Apóstol arrastrando las mochilas y el ruido de las ruedas hace en la calle el mismo ruido que hacían aquellos trenes cargados de judíos que iban hacía un futuro incierto. La niebla dará paso a un bonito día soleado de otoño y el desconcierto y la duda permanecerán mientras esa luz inocente y suave replicará un día más de vida lleno de belleza para abrirnos a todos los comienzos, a todos los principios. La vida podría estar llevándonos gentilmente hacía nuestro verdadero destino, y no lo sabemos, porque como decía Esopo, la gratitud de estar vivos convierte lo que tenemos en suficiente, pero como en el lobo y el cordero, de nada sirve la razón ni la verdad.   Antonio Misas Madrid, 23 de septiembre de 2020        

la máquina del tiempo

Para Miguel Esparza, Michu. In memorian.   Nos conocimos en Padua, en el porche de la casa de Olga y Bruno, era la comunión de Sofía y Marta. Estabas allí fumando un cigarrillo liado con tu hermano Sergio. Sin más preámbulos me interrogaste pretendiendo ser un tipo molesto, de esa forma tan directa que interrogan los hermanos mayores de las chicas. Los demás sonreían viendo como ponías la máquina en marcha; fuerza en la voz y tranquilidad en los gestos hasta convertir aquel momento en un lugar acogedor. El sol de aquella mañana en Italia me parecía de un decorado de correspondencia para aquella conversación mientras hablaba contigo y tu aceptación me iba acercando a ti. Miro tus medallas en la mesa junto a tus fotos, Berlín, Roma, Atenas… son de todos esos maratones que te fuiste echando a la espalda. Ha venido mucha gente a despedirse de ti, han venido de muchos sitios, de muchas etapas de tu vida. Y todos hablan de esa alegría que llevabas siempre puesta, de toda esa bondad