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poseen esta trisomía simple: 47 cromosomas de los que tres completos corresponden al par 21

fotografía A.Misas 2009

La chica embarazada está sola, sentada, y entra un padre mayor con su hijo Down. No hay mucha gente en el vagón. El chico se acerca y con la mirada y la sonrisa acerca su mano a una pequeña distancia de su vientre, pero no la toca. El padre no le interrumpe y también mira a la chica. Hay sitio a su lado, pero el chico no se sienta… El chico permanece agarrado al barrote y con el cuerpo anclado al suelo solo se mueve por el traqueteo del tren. El brazo se ha quedado estirado y su pequeña mano que asoma por el puño de la camisa solo deja ver los dedos cortos, estirados, que están esperando a tocar. Él espera a que la chica le devuelva la sonrisa, pero ella se ha quedado pensando en esos centímetros que separan. Mira al padre y mira al chico y vuelve a mirar al padre y mira a otro lugar del vagón. El tren se detiene y el cuerpo del chico se balancea adelante y atrás. El padre le coge de la otra mano cuando suena el ruido del aire comprimido y el mecanismo que abre …
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volver a cobijarme, en la tarde, y en ti.

Para Verónica   

Sabía que la existencia me llevaría a incuestionables comodidades, y aunque allí me sentía simple y estúpido, siempre pensé que no haría nada importante en la vida, había nacido para disfrutar y contemplar el acontecer del tiempo, para estar en cosas sin importancia que no me llevarían a ningún lugar. Vivir sin responsabilidades mayores. Pensar en una tarde de verano.

Pasaba el tiempo y seguía sin saber adónde dirigirme. Me mentía con eso de simplificar la vida. Tenía en la cabeza ideas que aplazaba cada día y lo cambiaba por un bienestar en el que permanecía sentenciado en un tiempo muerto.
Volvía siempre a un espacio estéril, y a un existir estéril. Sabía que por ese camino la vida me llevaría sometido arrastrándome a otras voluntades. Vivir era eso, en otro tiempo fue eso y no estoy seguro de si lo seguirá siendo porque todo está infectado de pasado.
El tiempo ha cambiado mi mente y con ello, la percepción de esos pensamientos. Ahora podría darle la espalda a todo aq…

la magnitud del mundo

Entrar en el club me causó infinita tristeza. La navidad se quedó atrás con el diecinueve y una comida. En esa comida volví a ver a unos cuantos buenos amigos que hice en ese club cuando debía tener treinta siete o treinta y ocho años, y un planteamiento de vida, burguesa. Aquellos años los recuerdo con alegría trágica porque descubrí que no quería vivir así. La vida entonces me venía con esa sensación en la que te sientes enterrado. Era una recreación difícil de asimilar.
Este día estaba agotado. El estómago me lo recordó pronto. El insufrible ardor que padezco, con el primer vermú, se disparó. La angustia física que me produce no me dejaba atender a nada, estar en nada. Puede que también estuviera triste, hay cosas que se me escapan cuando no llego a hacer lo que quiero y no sé si lo que quería ese día era estar a solas con el monstruo que llevo dentro de mi estómago, o allí dándole vueltas a la magnitud del mundo, porque todo lo que me dicen me parece tan simple que siento un aterr…

escupir al pasado

Para Álvaro
Miro el grafiti de mi hijo, que hoy cumple diecisiete años, y aspiro profundamente el olor del queroseno.
Durante unos días el olor del queroseno ha ocupado el aire de la Calle Balcánica. Decir queroseno es pasar a pensar con holgura. Esta madrugada mirando al cielo que cubre el aeropuerto, pienso en cuando tuve veinticinco, en cuando vivir todavía tenía esa impresión de descubrimiento. Pienso en ese olor que entraba en mi nariz para contaminar mi vida de libertad. Aviones, que para mí, entonces, ya eran naves espaciales que surcaban cielos. Mirar al cielo desde el cielo.
Decir porvenir era escupir al pasado. Las cosas nuevas habían empezado en aquella oportunidad de vida nueva que empecé a los veintiuno cuando vine a vivir a Madrid.
No sé cuándo me perdí, cuando deje de apreciar así la vida. Todo volvió a ser un serio disparate. Cuándo la estrechez, en todas sus posibles formas me arrebató esa holgura y cuando me cegó y otra vez, el mundo me zampó. Cuándo me acojoné y dejé …

A partir de ti

Para Clara

«La bondad es el punto más elevado de la inteligencia» «Espacio Suma No Cero» José Miguel Valle.





Clara llegó en octubre del dieciocho. Nosotros, Cari y yo, habíamos llegado al final de la primavera. Yo ya había empezado a sentirme como Jack Lemmon en "Éxito a cualquier precio".

En aquella oficina que a mí me parecía destartalada había contables del Santander, equipos femeninos de televenta y comerciales de calle. Entre todos ellos, había alguna que otra chica cuya simpatía era una trinchera donde resguardarse, pero el primer día que llegué fue para mí un lugar Kafkiano.
¿Por qué no lo iba a ser para ella? Yo hubiera pensado eso de, dios mío dónde me he metido.
Y sin embargo, eligió la oportunidad de conocernos a todos, sin excepción.
Y a mí estos meses se me fueron haciendo días a medida que la iba conociendo. Y siempre he pensado que su amistad llegó a nosotros como un regalo.
Conocer su bondad, convivir con su generosidad y alegría me han dejado la sensación de esta…

Siete

Para Cari Martínez Meyer

Iba en el coche amarillo escuchando la radio y le di para que buscara otra emisora. Pronto captó un programa en el que un tipo hablaba de cine. Me quedé porque hablaba de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? El libro de Philip K. Dick que fue llevado al cine como Blade Runner. El tipo tenía una voz bonita y decía cosas como “El vacío existencial nos conduce al vértigo de la vanidad”.
No voy a ocultar que pensé en ti, que quise buscar un motivo, pero el tiempo se me fue en conducir y la sintonía se perdió. Me puse a darle un repaso a lo que me has dejado conocer de ti, a la vida de esa buena amiga que eres.
De pronto estaba conduciendo por la eme treinta, escuchando el ruido de una emisora desintonizada y creando páginas para nuestro “Planeta Lurton”.
Especulé y me pregunté cuándo empezaste y por qué razón entregabas tu tiempo y tu vida a los animales, si eso no sería evadirse de algo para llenar un vacío. ¿Hasta dónde podría reconfortarte? Me parecía un sa…

Los sentimientos

Para Ana G.O.

Ana me dice, tú no apareces en Amarillo, no hablas de tus sentimientos. Y yo siento que estoy curado del pasado.
No entiendo muy bien lo que quiere decir, creo que no tengo ningún problema con mis sentimientos. En Amarillo he escrito lo que quería, como quería escribirlo.
Cuando escribo quiero relatar la vida de otros a través de mí, no pretendo escribir sobre mis sentimientos o simplemente lo que yo siento. La intención de lo que escribo no está en mi yo interior, tuve que aprender a matarlo en la escuela de letras, escribir hacia afuera, desde una mirada y un punto de vista propio, pero no a través de mis sentimientos, sino a través de mis pensamientos. Aunque mis sentimientos no se libran de estar en la escritura, pues no consigo o no quiero ser indiferente. Aunque pretendo diferenciarme en la manera de mirar y obtener mí propio estilo. Quiero relatar, contar de forma breve un hecho, un instante de la vida, una escena, un trayecto, un momento en el que reflejar de form…

Días en los que todas las nubes recorren quietas el cielo

Para Clara Pazos Herranz
Tengo la suerte de poder perder la vista desde la terraza de casa, de ver el cielo en profundidad. A veces me pregunto, desde la distancia, si hubo un cielo mejor al que yo hubiera podido mirar en esta tierra. Cuando entro en estos barracones del pensamiento dudo si existe tal distancia. Y repaso como me conmueven todas las estructuras de tus gestos, toda la paz de tu mirada. Tus afectos, tan profundos y verdaderos.
Y hoy hace un frio que me usurpa la idea de dar continuidad a todo lo que escribí durante años antes de dedicarte estas palabras, mientras pienso en ti para escribirte, y me pregunto por qué ayer te hablé de Salinger o Faulkner y no te dije eso de Machado, eso de «hoy es siempre todavía».
Y hubo también un tiempo en el que apenas advertía cuanto me aportaban los demás, y ahora soy consciente.
Cuando entro en la sala donde nos miden, donde nunca volveremos a ver a Sara, a esa sala de reuniones a la que Julio en la vida volverá, me detengo a pensar en…

La Perla

Para Sara Hurtado

Ayer nos dijimos adiós, o hasta pronto, Y te deseamos suerte, y te prometimos estar tristes el lunes a las nueve. Y hasta Jotace parecía uno de los nuestros, y no un amarillo, y lo fue. Y tú ya sabías que no encontrarás esto que todavía tienes entre nosotros, y lo supiste a dos semanas de La Perla cuando dijiste que te ibas, cuando entregaste la carta escueta renunciando a algo que entonces se convirtió en algo más que un lugar, en algo más que un trabajo. En algo más que en un “de lunes a viernes” porque todos sabemos que esto es algo más. Es posible que esto sea una pequeña adhesión de la que hasta sea sano salir, una pequeña ilusión que nos inventamos, y fue creciendo por la dificultad, pero hubo armonía y parte de esa armonía, ayer, te la llevaste tú.
Y yo hoy, mientras te escribo, me doy cuenta de ese veneno que tiene perderte. Ese veneno que nos va dejando sin ti.
El Cactus grande de la terraza parece que duerme mientras amanece y yo te dedico este tiempo. El ci…

cerrar los ojos

Para Celes Misas y José Misas
Salgo a la terraza y huele a queroseno. El sol de enero pega fuerte en el tercero de la calle Balcánica y hace frio, hace frio y memoria. Una vez tuvimos un zorro, pero yo era tan pequeño que apenas lo recuerdo. Sé que hemos sentido la misma rabia al ver en el televisor a ese hombre matar a un zorro sin ninguna piedad. Sé que sentimos lo mismo, aunque pensemos distinto.
El portero de la urbanización siempre se está quejando de su suerte. Le veo allá abajo, cerca de los contenedores de reciclaje hablando con otro hombre, tal vez esté apañando algun trabajo extra.
Me pregunto si cuando miramos hacia atrás vemos también las mismas cosas, aquellas que nos hicieron sentir así. Yo sigo impregnado de la humedad y el frío de la casa donde nos conocimos.
Veo entrar los aviones de siluetas plateadas y al fondo un tapiz de nubes. Hay un tejado de dos aguas y tres grúas que se elevan por encima de los edificios, pero no me distraen de la profundidad del cielo desde dond…

Amarillo

Para Julio, Cari, Sara, Antonio, Manu y Clara.
Amarillo es el tiempo que nos ha tocado vivir en torno a esta mesa de reuniones. Amarillo es el sueldo que nos pagan y amarillo es JC cuando nos empuja al abismo de su doctrina. Amarillo es el viento violento de la calle cuando nos echamos al mundo.
Julio me mira desde ese tramo de la conciencia que se resuelve con la realidad. Está en un plano del conocimiento, en la consciencia de algo que chirría a estas alturas de la vida. Está en eso que se revuelve con una pregunta: ¿Qué hago yo aquí?
Cada mañana me doy por vencido, piensa, y se resigna a esa fracción del absoluto.
Cari está en la pura alegría, en el alma de ese aparato que debe contener la risa y el regocijo, es la niña necesaria, y con su cara bonita nos va contagiando. Hay afán de conversión en su mirada, convencimiento de que en unos minutos se iluminarán también nuestros rostros.
Sentada a mi lado a Sara le retumba el silencio. No hay ya porqué expresar dolor a los que están cie…

Avenida General

A Juan Pedro Fiscer, in memoriam. Para Lucía y Mª Jesús.



Entro con la moto por la Avenida… previamente había hablado contigo y como siempre, quedábamos en la General a tomar café. Otras veces me decías, en la Caprichosa, una caña, y yo acudía a cualquier sitio porque solo me importaba ese ratito contigo. Entro en la moto por la general y voy como queriendo ir a verte, llevándote, inevitablemente, en el corazón y echándote de menos en este vacío confuso, porque ni siquiera recuerdo el último momento que pasé contigo y escuchándote se me mezclan todas las conversaciones. Aquellos días, en los que me hablabas de tus propósitos y los otros, en los que me hablabas de Lucia y de María Jesús… y se iluminaba tu rostro de niño, y me daba la luz de tus ojos llenos de amor incondicional, de ilusión y confianza.
Y yo te escuchaba, me ponía en tu lugar y eso, creo que te gustaba, al menos, ahora quiero imaginar que te reconfortaba. Y tú siempre hacías como que todo estaba bien, que todo te iba bien…

Siempre hace un precioso día en San Sebastián

Para Ramón López y Marisa Wangeneberg.

La miro a los ojos y la veo vivir para emocionarse, sin forzar la felicidad, dándose cuenta de ello. Reencontrándose con esa sensación de hace cincuenta años, casi pueril, que produce un gesto de otro, o una palabra… o una mirada de amor, de todavía amor, de todavía toda la vida. Sus ojos son azules de bahía, y ahora casi de lluvia por participar de algo que está sucediendo como ya antes lo había imaginado, mucho antes.
Le miro a él, que existe para ella, que existe tan fuerte como el monte Urgull. A él que lo preparó todo con ella, como ella todo lo había imaginado. Ella es su espejo, y eso es recíproco, es eso que se han ido edificando durante toda una vida, juntos.
Él la ve emocionarse y pega toda la piel de su cara en su cara pequeñita, y con toda su fortaleza, serenamente, un beso.
(Y pienso en el privilegio que es poder participar de esto que nunca he vivido, y en que me hayan invitado. Y me esfuerzo para no desmoronarme porque en mi vida he…