miércoles, 24 de noviembre de 2010

“Pongamos que hablo de Madrid”

Aquel tipo iba sin rumbo cuando me crucé con él. Empezaba a lloviznar. También me crucé con un chino que olía a imprenta en el momento en que apretaba el agua, se veía intensa en las farolas. Andábamos entre los edificios, resguardándonos de la que se nos venía encima y cuando iba a girar por la peatonal de Montera, me rebasó el chino a toda prisa y después el otro. Le alcanzó y le empujó contra uno de los arbolitos nuevos. El chino se zafó y salió corriendo. El tipo se quedó sentado en el suelo bajo la lluvia. Crucé Gran Vía y entré en la peatonal de Fuencarral y anduve pensando en aquello hasta que volví a ver a aquel hombre con el cartón ya mojado que decía; tengo hambre. Le di la calderilla que llevaba en el bolsillo y me miró como en los cuadros de la piedad.

Quisiera tener un espejo retrovisor en el que se reflejara el tiempo. La americana aprieta en los hombros. Huele a lluvia de otoño y a puñales. Hay un corrillo de gente y un chino se desangra dentro de un charco de agua rojo. Pronto será navidad.

Madrid, 24 de noviembre de 2010
Antonio Misas