jueves, 20 de mayo de 2010

la tristeza del cartero

Para Gonzalo Hernández

mientras espero a Gonzalo, estoy apoyado en el buzón de correos que hay en la esquina de carranza, en la puerta del Spingfiel, y se acerca un jubilado con un sobre en la mano, el señor solo alcanza a la visera, me aparto pero no me alejo, el señor mete su sobre y saca una revista enfundada en un plástico con su dirección de destino y me mira, y se encoge de hombros, y le miro, y levanto la cejas, se da la vuelta, arranca el plástico y lo tira a la papelera que hay en el semáforo y se va leyendo la revista. Hay dos chicas iguales vendiendo el oro de la cruz roja, las dos son gorditas y llevan mochila a la espalda. Yo no quiero el oro de la cruz roja, yo quiero que me toque la paga de Nescafe, no quiero el oro. Me apoyo en le buzón y me desapoyo cuando viene un chaval con otro sobre en la mano, fumándose un pitillo entre los labios y poniendo caras por el humo, éste agarra la visera, la levanta y mete su sobre y saca el del señor jubilado. Arranca el sobre y lo tira a la papelera y se va leyendo la carta, evitando mirar a las chicas iguales.
En el semáforo de Fuencarral ya está el Alfa Romeo Breda de Gonzalo, me recoge en la Glorieta de Bilbao y nos vamos oyendo la voz de la chica del GPS, habla solo en Italiano. Él me dice, joder, ya casi se hablar Italiano y yo voy pensando en los del buzón y Gonzalo me habla de “Ossessione”, me habla de hiperrealismo Italiano y de Luccino Visconti que le recuerda a su infancia en Murcia...

Y yo me voy pensando en la tristeza del cartero.

Madrid, 20 de mayo de 2010
Antonio Misas