miércoles, 4 de enero de 2017

Ideario adolescente de la belleza y la vecina azul

A veces pienso en aquellos ríos de venas azules que recorrían su piel blanca. A veces me sigo viendo queriendo adivinar sus pechos diminutos cuando dejaba ver su tórax huesudo y azul. A veces, dentro de aquella carnosidad rosada de sus labios había una burla oculta en su sonrisa, solamente para ti.

La recuerdo cuando llegaba a la playa con los boyfriend jeans, siempre muy grandes… se desvestía flaca, huesuda, cuidándose de la arena y ordenaba sus alpargatas. Después extendía la toalla y se tumbaba boca arriba al sol, flexionaba sus piernas largas y el bikini hacía un puente desde su vientre hasta sus caderas. Y entonces me parecía advertir la expresión más magnífica de la belleza al observar todo aquello, tan azul, y al mirarla podía masticar el color de su piel en su olor cálido.

Entonces el mundo era bonito y libre para un adolescente que podía permitirse poder tener aquellas ideas disparatadas y con ellas, descubrir las cosas, soñar con la necesidad de apreciar lo nuevo de forma romántica y extravagante, y decidir hacer un ideario imaginario de esa niña y los colores de su piel.

La libertad era la idea, agarrarte a ella, forzar la belleza sin límites, y sin prejuicios fantasear arreglando conceptos hasta saborear y tocar algún pensamiento que te pudiera curar de la promesa del futuro.


Y ahora me siento acabado, incapaz, enfermo de futuro. 


Madrid, 4 de enero de 2017
Antonio Misas