domingo, 7 de agosto de 2016

será la tarde la que nos acercará la noche



Para Gonzalo Flores Bas 

Los camareros de la taberna visten de negro. Al fondo, debajo de los cuadros de Joyce, Wilde, Butler o George Bernard Saw, está sentado trabajando, ajustándose a los propósitos que se marcó ayer, buscando solucionar los muchos quebraderos de cabeza que suelen quitarle el sueño por las noches. La madera oscura y la luz tenue de la taberna dejan adivinar la silueta de un hombre sentado pensando en esas cosas, en sus cosas. Da un sorbo al café que hay sobre la mesa y pone cara de que se le ha quedado frío.

De vez en cuando da algunas indicaciones a los empleados de la taberna. Se muestra como un hombre templado. Cuando les habla deja un punto efímero en el tiempo que a los otros les hace titubear… ellos se detienen, piensan, y siguen con lo que han entendido.

Cuando me ve, pone un mohín de agrado, casi una sonrisa. Me dice, qué tal, ¿Cómo te van las cosas?, le digo que bien. Y se alegra participando de ello.

Detrás de esa sonrisa leve se encuentra un tipo noble. Es lo que pienso cuando le miro. Me dice, ¿Qué quieres tomar? Le digo, un café con hielo y hablamos a ratos mientras él sigue con su trabajo. Me pregunta por algún amigo común. Me dice que pronto será el cumpleaños de su hijo. Mencionamos nuestra conversación pendiente sobre la infancia y la vida, hay considerables vicisitudes comunes, es algo que no deberíamos postergar.

La taberna se va llenando de gente, pronto será la hora de las comidas. Las camareras ya han dispuesto las mesas para ello. El mediodía llegará y será un ir y venir de gente, casi frenético, luego todo pasará para dejar un espacio de calma. Recogerán y será la tarde la que nos acercará la noche como una rueda que nunca se detiene.

Me voy cavilando solo por la acera. Giro en la calle Campezo con Deyanira. En el semáforo se para un coche lleno de chicas adolescentes. La música sale con fuerza desde dentro.  Cantan esa canción de Ellie Goulding, something in the way you move que suena tanto ahora. Puedo verlas gritar esa canción alegres y felices.

Aunque la existencia sigue conservando su naturaleza, lo que contiene el mundo no deja de modernizarse, de ser otra cosa, eso me sorprende de forma placentera. Y me hace pensar que a estas alturas, nuestros hijos, ya habrán heredado la tierra.   
   
Es bonito entrar en el Clover House cuando está Gonzalo. Y como decía William Butler Yeats: La vida es una bengala roja de sueños.

Madrid, 7 de agosto de 2016
Antonio Misas