martes, 15 de septiembre de 2015

Shuu, no digas nada



¡No tienes corazón! ¡No tienes corazón! Oigo gritar a la vecina.

Hay incursiones en la intimidad de la conciencia que convierten a los hombres y a las mujeres en seres vulnerables, sin embargo, no quieren ver pasar el tiempo sin dejar de decir a los demás lo que arrastran.

Lo contrario devastaría a cualquiera que viva con un poco de cuidado.

Cuántos anuncios o películas empiezan o podrían empezar con estas palabras: “En un mundo convulso…”; basándose en el mismo mundo en el que cada madrugada nos despertamos para vivir apretados, enajenados por un ritmo de vida en el cual nos encontramos inmersos sin ser conscientes de haberlo elegido… el mismo mundo donde lo desconcertante son tantas noticias adversas que calan bien hondo en un lugar determinado de la conciencia.

A pesar de esto buscamos una armonía en lo frecuente y no hacemos mucha memoria de ello… a causa de esto, intentamos construir nuestro pequeño mundo con sólidas bases de amistad y amor…

La vecina grita una vez más ¡No tienes corazón!

Se lo dice a su niña de seis años mientras recoge acelerada los juguetes esparcidos por el suelo del salón. La niña aprisiona contra su pecho a una muñeca desnuda y despeinada, y dice: “Calla, shuu, no digas nada, mamá se ha levantado hoy muy cansada”.

Madrid, 15 de septiembre de 2015
Antonio Misas