miércoles, 1 de abril de 2015

nuestros pequeños problemas

                            Fotografía A.Misas

Al liar el cigarro, en ese tiempo, me dio para pensar en otras cosas al margen de la conversación o digamos, del propio pensamiento involucrado en aquella conversación. Me vinieron ideas ajenas al momento en el que ocurría lo que estaba ocurriendo, podía detener lo que me ocupaba hasta ese momento y pensar en otras cosas. Era consciente que ese acto tan simple me separaba de los demás, me detenía y trasportaba a lo no resuelto de mi vida para ocuparme de ello aparentando permanecer atento a lo que se estaba tratando. Era una especie de alteración del presente sin que nadie se pudiera dar cuenta que me había trasportado hacía alguna de mis intimidades. Hablar de la actualidad mediática, de las circunstancias, de las supuestas consecuencias, me importaban un carajo. Mantener conversaciones con tu círculo de amigos o conocidos sobre lo que pasaba en el mundo, me empezó a ser ajeno, me aburría de forma irremediable y me producía desidia. Siempre hablando de política, resolviendo problemas que aparecían en las noticias, que se explotaban hasta la saciedad en las redes sociales, o en las tertulias del televisor por críticos y columnistas que se sentían estupendos y brillantes, y que ninguno de nosotros podríamos nunca resolver, era hablar por hablar. Y a mí, siempre me habían interesado más nuestros pequeños problemas.  


Madrid, 1 de abril de 2015

Antonio Misas