jueves, 12 de marzo de 2015

Él, Cesar.




Para Cesar De La Campa Alba, in memoriam.

Hace dos días que Cesar dejó este mundo y se largó a esa idea que él tenía del cielo. Hubo un tiempo en el que toda nuestra vida giraba en torno a él. Éramos tan niños que apenas empezábamos a descubrir el mundo al que habíamos venido. Él estuvo allí, en esa primera parte de nuestras vidas para darnos la primera impresión, la primera lección, cuando era el principio de todo. 

En aquel barrio todo hubiera sido miserable sin él, seguro que como la oscuridad sin el génesis, fue Cesar entonces, nuestra primera  luz. Montó una Iglesia, un grupo scout, una biblioteca, un taller de fotografía, otro de música y el primer foro de pensamiento al que yo acudí. Fue cuando por primera vez pensé en las formas, en el nombre de los árboles, en las mareas, en el color de las flores. Todo lo basó en la bondad, en el reconocimiento del prójimo, en la amistad y en el amor. Todo parecía un regalo de dios y nosotros, lo teníamos. Empezamos a pensar distinto en medio de tanta frustración y tanta droga (que ya por entonces se nos había venido encima). Ayudó sin tregua a aquellos que prefirieron la oscuridad de la noche, y al final, la muerte.

La primera vez que fuimos a la Cordillera Cantábrica, a los Picos de Europa, a Los Pirineos, caminamos junto a él… y sentimos eso de estarle a alguien agradecido, pensamos por primera vez en qué era estar agradecido…

Hay hoy en mí, un tipo pequeño con un poco de corazón… que ante la idea de la muerte sigue sintiéndose mezquino, y que quiere que esto que escribe sea triste, sin siquiera pensar en su FE. Hay un tipo que hoy quiere detenerse y pensar en él para echarle de menos durante un segundo (algo de eternidad) ese tramo de la vida que paseó junto a él y que le marcó para siempre, la fortuna que le trajo, lo importante que le hizo sentirse, todas las primeras cosas que aprendió… 

Madrid, 12 de Marzo de 2015
Antonio Misas