domingo, 1 de marzo de 2015

Cine. Birdman.


Puede que al principio me durmiera viendo la película, que me agotara ese plano secuencia y que no me diera cuenta de cuando el sonido dejó de ser un ruido fastidioso e infernal que parecía salir del fondo de una lata, amplificado, para molestar al espectador. Puede que me despertara y empezara a interesarme porque en una escena en un teatro me pareció reconocer el ensayo de una adaptación de ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Pero el plano secuencia no dejó de molestar hasta el final. Me pareció que el director había adaptado todo aquello para todos los perdedores de Hollywood. Debe ser así contarlo desde dentro. La película era una verdadera mierda que contaba desde dentro la frustración, el fracaso y la borrachera de recuperar la fama y, la familia.

Siempre admiré a Garci cuando le escuchaba hablar de cine, me preguntaba si yo pudiera, si llegaría a sentir eso alguna vez, sentir todas esas cosas maravillosas que él decía cuando iba a ver una película. Solo siento desasosiego cuando regreso, cuando salgo andando entre la gente de una sala (donde se te permitió soñar) hacía el mundo real, y noto la tensión baja cuando me percato que mis ojos se van adaptando a la luz tenue de la antesala y la mente, a una vida carente de emociones intensas, vertiginosas y ajustada a un metraje limitado, y esas escenas se van esfumando de mi cabeza como los sueños al despertar, y todo se vuelve lento y tedioso. 

La vida es desaliento después del cine. No se puede observar como un espectador. Desde afuera las obligaciones, las responsabilidades, los compromisos, las propias relaciones con los otros no se ven con alguna expresión artística que ofrecer. No hay música para hacerla más bella… ni dirección de fotografía que represente las imágenes que te acompañan y que se podrán ver las veces que quieras recrearte. La vida es desaliento después que pasa y todo parece haber sido una ilusión.   

Madrid, 1 de Marzo de 2015
Antonio Misas