jueves, 19 de septiembre de 2013

Relaciones difíciles

La relación de amor, digamos que era, desnivelada. Aquel tipo no era mi amigo, su amiga, era ella. Cuando aquella relación se estabilizaba, no le necesitaba. Me sobrevino la calma y después, le dejé de hablar. Simplemente, al tipo le necesité y le utilicé de forma intermitente. Luego desaparecí. Él lo comprendió. A todo el mundo le pasa. A veces estamos necesitados de alguien para derribar esa pared que somos en nuestra cabeza. Entiéndanme, a veces se nos imponen muros insalvables. Necesitamos de algún buen samaritano que nos dé otra perspectiva sobre algún asunto que nos atormenta. Nadie te puede negar eso. En esas ocasiones, somos otros dentro de un nosotros que está entre cuatro paredes y nos resulta imposible salir. Solo te puede salvar alguien que lo vea desde afuera. Y así fue. El tipo hizo en alguna ocasión de torniquete para mí, bebimos unas copas, fumamos y charlamos del dolor que me producía haberme enamorado de aquella mujer, pero nada más.


Hoy le envié un mensaje en el que le decía que mi novia me había dejado y que estaba, roto. 


Madrid, 19 de septiembre de 2013
Antonio Misas