domingo, 18 de agosto de 2013

Las naranjas están sobrevaloradas



Mi madre dice que, si la fruta ya no es buena, que, si ya no es como la de antes, pero, que las naranjas te limpian. ¿Entonces, es buena? Ya no somos los de antes, la fruta es peor y nuestra vida es como fruta. A veces me parece que no sabe de nada, después de todo, recoge su opinión y opina por el simple acto de guardar la cola en la frutería o en la tienda de turno y luego viene y me lo cuenta. Lo mismo que hacemos todos. ¿Te limpia qué? Es como si se hubiera pasado todo el tiempo pensando en la fruta y repitiendo la misma canción. ¿Qué nos importa la fruta? Te limpia el alma. ¿Qué nos importa la fruta prohibida? Hablábamos de naranjas y eso era no comer una manzana. ¿Una manzana podrida? No, no morder una manzana cargada de inmoralidad y de sidra o de vinagre. Entonces todo lo que tiene que ver con dios tiene que ver con la fruta. No, tiene que ver con no comer manzanas, pero no con las naranjas. Dicen que una manzana al día nos evita acudir al médico…   

La cocina huele a pescado. Mi madre se mueve lenta y torpe. Pasa las sardinas por harina y las ordena con cuidado en la sartén. Yo ya no me puedo ver de niño agarrado a sus faldas, pegado a su voz, buscando su aceptación y sus abrazos. 

No puedo recordar cuando me separé por primera vez del amor de una mujer. 
  
Gijón, 18 de agosto de 2013
Antonio Misas