miércoles, 15 de mayo de 2013

Evanescente y primorosa primavera



La chica se puso las bragas a oscuras, agarró el resto de la ropa y abandonó la habitación. El hombre se había quedado dormido. Miró por el ventanal del salón y vio una mariposa revolotear entre las flores. Quiso tocar los objetos de aquel tipo que le había deslumbrado la noche anterior. Posó la ropa sobre el sofá y prestó atención a los colores vivos de los cuadros. Pasó la mano por la caoba del piano y leyó las letras doradas que decían: Steinway & Sons, Patent Grand, New York. Cogió entre sus manos una fotografía antigua de una mujer sentada al piano, parecía hermosa. Todo le parecía armónico. Se acercó al espejo del recibidor, se quitó las bragas y observó su cuerpo desnudo, se detuvo en su sexo depilado, contempló sus curvas, sus pequeños pechos prominentes de pezones erizados y se sintió la mujer más bella de la tierra. Volvió a ponerse las bragas, se dirigió hasta el sofá y acabó de vestirse. Cuando salió a la calle le embriagó el olor de las flores, la luz, el calor suave de la mañana, todo, todo le pareció fascinante. 

Madrid, 15 de mayo de 2013
Antonio Misas