miércoles, 19 de septiembre de 2012

¿Quieres sentarte un minuto?

Ella se iba a ir para siempre y lo sabía. Accedió, se acomodó en el sillón y pensó en los años de convivencia que habían pasado juntas. Los años de reivindicaciones y lucha se habían quedado lejos. Ahora solo podía pensar en él.  Le había conocido en el barrio. Se habían cruzado la mirada en el quiosco, en la tienda del pan, en la librería y un día empezaron a hablar de sus vidas. Ahora solo quería pasar más tiempo con él, sonreírle a él, besarle a él.

Sentada en el sillón escuchaba a Luisa hablar muy deprisa. Relataba cuando se conocieron, cuando decidieron irse a vivir juntas, la primera vez que se fueron de vacaciones y cuando se reconoció el derecho y se legalizó la relación entre personas del mismo sexo.  Aquellas alegrías ya eran solo recuerdos.

Él la esperaba abajo. Se besaron y ella le abrazó muy fuerte, y sin dejar de abrazarle miró por encima de su hombro hacía la ventana desde donde les observaba Luisa.

Por la calle paseaba la gente. El otoño había empezado y aunque las temperaturas descendían suavemente, el calor era agobiante. En la radio del coche decían que Carrillo había muerto a los noventa y siete años de edad.  

Madrid, 18 de septiembre de 2012

Antonio Misas