sábado, 19 de noviembre de 2011

se ocupó la vida...

Para María Misas
  
se ocupó  la vida...  y después el desarraigo cuando me dijiste:  “los misas tenemos maldición yo creo.... “ y entonces volví a ver posarse en todos nosotros el estigma de Caín. Hace años intenté apartarme de todo eso y de todos vosotros,  y me dio por especular con que cada vez que podíamos volver a vernos y no lo hacíamos,  tal vez aprendíamos a salvarnos,  y  a pensar que vernos,  era la piedra con sangre.  

En aquellos años para darme pena me tenía que emborrachar porque si no, era incapaz: Nuestro corazón era también una garrafa de plástico  llena de sangre maldita. Y  había en nuestro apellido un veneno que respirábamos, que masticábamos...  y hasta en nuestra voz había un poco de maldición, ¡joder! A mí me confundían al hablar con tu padre y a los dos con nuestro padre, y los tres tenemos la misma estatura.  ¡Quién sabe cómo sería la voz y la estatura de su padre!, aquel que nos trajo todo esto... y hasta lloraba desconsolado por el dolor que me producía esta maldita maldición.

Y hoy, después de hablar contigo, he querido volver a mirar en ese otoño negro,  las muchas veces  que pensé que nunca debí de nacer, las veces que me emborraché y me sentí un mal nacido.  No sé si alguien nos puede ayudar a dar algo de sentido a nuestras vidas, a excepción de nuestros  hijos y nosotros mismos,  pero esta mañana cuando la llevé a la estación,  me enredé  en la belleza y el brillo de su pelo... y de eso María, también se ocupó la vida.  

Madrid, 19 de noviembre de 2011
Antonio Misas