viernes, 17 de junio de 2011

en el frio calor del metro...

imaginé a aquella señora en algún lugar árido del cono sur recogiendo el fruto de una tierra estéril, mirando al cielo con los brazos alzados y ofreciendo a Dios con sus manos apretadas los terruños secos. Dio un pequeño discurso antes de empezar. La amabilidad de sus palabras, contrastaban con la dureza de su expresión.  Empezó a aporrear la guitarra y con una voz áspera y masculina se dispuso a interpretar canciones populares. Cuando el tren entraba en una estación hizo un gesto violento y dejó de cantar, ocultó la guitarra junto a sus piernas, se agarró a la barra y disimuló haciéndose pasar por una pasajera más. En el andén, el vigilante de seguridad prefirió seguir mirando a las chicas que se apresuraban a entrar en el vagón. En los túneles reanudó la actuación, pero la siguiente estación estaba tan próxima que enseguida recogió los bártulos y salió a toda prisa para intentarlo en el siguiente vagón, olvidando recoger las monedas que los pasajeros ofrecían.

Cuando cruzó las puertas me pareció oírla decir; de Madrid al cielo... nos vemos en el infierno.

Madrid, 17 de junio de 2011

Antonio Misas