sábado, 1 de enero de 2011

la luz artificial

El día treinta y uno de diciembre un emigrante sudamericano entró en el vagón, sacó la guitarra de la funda y después de un discurso tímido se puso a cantar una canción Mexicana que hablaba de Jalisco. La señora de tez morena, estaba sentada, parecía cansada y cerró los ojos. El hombre, cuando acabó de cantar, sacó su monedero y se lo acercó a los viajeros.  La señora abrió los ojos y miró a los fluorescentes del techo. El hombre enfundó la guitarra y se fue a otro vagón.  Ella nunca le miró. 
Madrid, 1 de enero de 2011
Antonio Misas