jueves, 4 de noviembre de 2010

el invierno

Cuando giré por la calle Fuencarral a Divino Pastor, de pronto todo olió a comida. Por la puerta trasera de la Residencia de las Hermanas de María Inmaculada los Peruanos celebraban una fiesta, invadían la calzada adoquinada y las ruedas del coche retumbaban cada vez más despacio. La música y los cantos populares se mezclaban con el olor a comida la noche de todos los Santos. Malasaña era otro lugar, un lugar desconocido.

El cambio de la hora anticipaba el invierno, la llegada repentina de la noche y aquel olor, aquella escena de gente tan alejada de su país, de sus pueblos, de sus casas, me producía mucha tristeza... regresaba del cumpleaños de mi hijo... y de pronto supe que había llegado el momento de caer y levantarme, de cerrar los ojos y de seguir ya sin destino, de vagar a ninguna parte y solo quise dormir.

Hace ya mucho tiempo que solo quiero dormir.

Madrid, 4 de noviembre de 2010
Antonio Misas