sábado, 18 de septiembre de 2010

El agua es necesaria para la ficción y la vida

El coche huele a otoño, a tabaco y a caminos de pensar. Llueve. Hace tanto tiempo que nadie me llenaba de nervios...el tipo que llevaba el libro, ese libro de Coleman, era buena gente, pero fue su fatalidad. No quiero prestar atención a nadie con un discurso donde abunda el desencanto. Nadie debería ir por ahí enseñando el título de un libro cuando no le conoces. Regreso de Alcobendas por la carretera de Burgos.  Llueve.  La carretera parece un Mar.  Las cosas no van...  Richard siempre decía que en este oficio no hay que ser nostálgico. 

Por la eme treinta solo se ven luces rojas.  Madrid es la exageración.  Donde te puedes hundir, es mejor moverse por fortuna, hacerle frente a la adversidad, bendecir los días. Escampa en Avenida de América. Ahí están las Torres Blancas, majestuosas, negras, sucias... a Sáenz de Oiza le dieron el premio de la excelencia europea en mil novecientos setenta y cuatro. Ya es de noche y nadie le quiere dar dinero al hombre feo que vende pañuelos en el semáforo.  Me gustaría apearme en María de Molina y ver como mi coche se pierde en la ciudad, cuando yo gire por Serrano.

Madrid, 18 de septiembre de 2010
Antonio Misas