lunes, 24 de mayo de 2010

Una vez trabajé donde los que están enfadados con el mundo...



La señora directora se ponía tanta colonia encima que le resultaba imposible poder oler lo que pasaba en el mundo, y era imposible que existiera colonia en este mismo mundo que la pudiera cambiar la expresión de la cara, la tía siempre estaba oliendo mierda. Uno de los tipos que solía pasear con ella, era tan gris que cuando bajaba a fumar, prefería mirar el ciclo diario de las farolas que a las chicas guapas que recorrían la avenida. Éste desarrollador de negocio vivía bajo una maldita campana de Gauss. Su vida era una puta estadística. Tenía tantas reuniones al día que su hipotética capacidad para resolver cualquier asunto se veía hipotecada al ser siempre interrumpido por la convocatoria de otra reunión... que por supuesto, convocaba él mismo.

Tuve un jefe que me solía decir; “Antonio, baja el pistón”, joder, el hijo de puta era además misógino y encima pensaba que yo era una Ossa Mc Andrews. Era de los que pensaban que detrás solo tenía el culo y, estaba muy equivocado, porque su culo, se encontraba debajo de aquel corte de pelo de paje adolescente. Se pasaba el día hablando de un Balandro que tenía fondeado, y le despidieron en verano porque cada vez que venía de Bilbao se creía que era el mismísimo Harrison Ford en la costa de los mosquitos.

Luego trajeron a un tipo que era tan tímido que hablaba para adentro y le daba vergüenza hasta despedirte. Le llamaban el mudito, pero eso era un insulto a la memoria de los hermanos Marx, a mí siempre me pareció más un Monster House. Otro era tan brillante, que le llamaban el Algarrobo, no sé si por eso o porque tenía un buen trabuco, de cualquier forma era un tipo brillante, era el rey del monólogo, hablaba tanto...  
Había tantos inútiles en aquel recinto que aquello parecía el corral de la pacheca y el coño de la bernada al mismo tiempo. Operaciones parecía un quirófano de doctores retrasados.

No nos dejaban ni reírnos. Me lo pasé tan bien allí y conocí a compañeros y colegas tan buenos que hoy se encuentran entre mis mejores amigos.

Lo que pensé cuando conocí al consejero delegado lo acabo de encontrar en un diario:
-Alguien ha escrito que vivimos en una sociedad en la que solo triunfan los idiotas. ¿Usted podría hacer que un idiota triunfara?
_Depende de la calidad del idiota. Hay idiotas muy osados.

Madrid, 24 de mayo de 2010
Antonio Misas