viernes, 14 de mayo de 2010

ten cuidado con lo que dices cuando miras

la chica de la libreta y el cronómetro tomaba tiempos en el andén mientras nos bajábamos. Cuando empecé a subir por la escalera mecánica y se me iba abriendo el plano, pude ver al gordito de PROSESA que saludaba a la chica, ya sonaba el pitido y ésta, le decía adios con la palma de la mano y el brazo alzado al mismo tiempo que se introducía en el vagón. El gordito, con cara de aquel chaval que un día fue y la mirada de aquel al que todos pegaban en la escuela, se daba cuenta de que yo no dejaba de mirarle, y con los brazos a la espalda, agarraba la porra y se daba golpecitos rápidos en la otra mano y me miraba. Al llegar arriba, el plano se cerro y el gordito se esfumó al mismo tiempo que mi riesgo, el de poder salir en el telediario de antena3.
Cuando salí a la calle, estaban arreglando la acera que da a la tapia del colegio. Los cuatro obreros discutían subidos en las piedras del suelo levantado por la retroexcavadora. No se por qué todas estás escenas me traen recuerdos de la mili. Será porque allí el más inteligente era el que menos hacia. El tipo de la retro me mira y para el motor de la máquina como si me hubiera leído el pensamiento. No cabe duda de que este tipo también es harto inteligente.
Y solo me doy cuenta, que estoy al otro lado de la carretera, en la otra acera parado, viendo, mirando atentamente el espectáculo cuando el tipo de la retro me está diciendo a gritos;
¡y tú qué miras!

Madrid, 14 de mayo de 2010
Antonio Misas