martes, 20 de abril de 2010

melocotones, pasteles y mi jodida osadía

Para Constantino Bértolo.y para todo aquel que yo haya ofendido en mi vida

Una vez hablando con un prestigioso crítico literario y editor, por entonces era director editorial de Debate, me dijo que el escritor era un ser tremendamente osado, que el mismo hecho de escribir era una auténtica osadía, y que por esa misma razón debería de aceptar de buen grado cualquier crítica. Me dijo también, que si no vales para escritor, puedes valer para crítico y si no, pues para lector de editorial y si esto no te satisface, dedícate a ser feliz.
Por aquel tiempo se llevaba lo de, para ser un buen escritor hay que sufrir mucho, en la misma proporción, cuanto mejor, más sufrimiento. Un escritor, alguien que pretendiera hacer verdadera literatura no podría ser un escritor feliz. Yo decidí ser feliz porque decidí que no tenía ni idea de escribir y ya entonces, un tipo feliz era simplemente tonto.

Yo decidí ser tonto y sin embargo nunca más pude entrar a una pastelería y volver a probar un dulce.

Conozco a muchos escritores, con un importante número de premios, que sus libros me parecen una mala traducción. A otros se les va la mano con el sentimentalismo, con la retórica, o con un preciosismo que hace que la literatura descienda hasta convertirse en una mona de pascua. El público puede adorar a estos tipos, pero también adora a Belén Esteban y a Ana Rosa Quintana.

Reconozco que con esto de las letras, se me va la cabeza tanto o más que al “Ingenioso Hidalgo”, lo he dicho muchas veces y es que, por mis venas corren las palabras junto a la nicotina y a la sangre, en un fluido desorden.

Madrid, 20 de abril de 2010
Antonio Misas