Thomas Bernhard



"Uno nunca sabe quién es. Son los demás los que le dicen a uno quién y qué es ¿no? Y como esto uno lo oye millones de veces en su vida, por poco que ésta sea larga, acaba por no saber en absoluto quién es. Todos dicen algo distinto. Incluso uno mismo está siempre cambiando de parecer"

http://www.thomasbernhard.com/



domingo 22 de enero de 2012

desapego


Por el barrio Salamanca Madrid es una mujer bonita. Un poster siempre supera la realidad. Viajo por el sol de enero entre edificios de siempre y desde el idiez veo a Guelbenzu. Un impulso de alegría me pone frente a él y le hablo de cuando hace veinte años en la escuela..., de lo que le gustan a Sun sus últimas novelas, de la última vez que nos vimos en Parayas. El me cuenta su retiro, me dice que agradece que le diga que nos gustan las historias de la Jueza de Marco... porque uno nunca sabe lo que le gusta de verdad a la gente.  Nos despedimos con un apretón de manos y me voy andando por la acera que da el sol. Giro en la sombra por la esquina de Claudio Coello con Ayala. Entro en la platería y me reúno con el tipo Argentino que me habla con exigencias de cliente, incluso me amenaza con irse a la competencia. Le digo eso de que al día siguiente de que se vaya para mí ya es un cliente potencial. El tipo me mira con curiosidad, buscando preocupación, temor,  miedo.  No sé lo que podrá ver por encima de sus gafas, ni siquiera cuando pienso que hoy me siento generoso... , que han debido de pasar siete años desde que decidiera intentar entender eso que llaman, desapego

En el idiez  suena la música cuando entro en Serrano. El sol atraviesa el parabrisas y el humo del PALL MALL inunda el habitáculo. La ciudad brilla.  

8 comentarios:

Cabopá dijo...

Antonio,
Ay, el desapego, ese sentimiento frecuente a la vez que remanente...
Qué bien lo has descrito paseando por el barrio de Salamanca con calles tan singulares que me traen recuerdos del ayer...

Desde el encuentro con Guelbenzu, el platero argentino(psicólogo!!!) y la música de Bebe...

El día que pasees por Argüelles, avisa, te podría contar tantas historias...

Me ha gustado tu desapego,que por cierto es una palabra que uso en muchas ocasiones.

Besicos murcianos.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me ha gustado este paseo en autobús y he saltado también de gozo por el encuentro con Guelbenzu, qué suerte, así como conocerlo.

En cuanto al desapego, es un sentimiento incoloro que nos aísla en nosotros mismos, nos ensimisma. Tengo un micro en el blog con este título, porque siempre me ha preocupado esa sensación de lejanía hacia el entorno e, incluso, hacia las personas más próximas.

Un abrazo, estimado Antonio.

Isaura del Valle dijo...

Para que el desapego aparezca, tiene que haber una causa. Y esos porqués suelen estar rellenos de desencanto. Causa-efecto
.....
En el relato nos dejas el Sol de enero, un Sol agradecido, quizá el único Sol del año soportable. ¿Será esto apego a la Naturaleza?

Muchos besos Antonio.

Alís dijo...

Es importante el desapego para disfrutar del brillo de cualquier día, incluso de uno gris. Deberíamos practicarlo más.

Sigue siendo un gusto leerte, aunque me cueste pasarme por aquí

Besos

40añera dijo...

Siempre cuentas las cosas como nadie amigo,
Me ha gustado este paseo contigo
Un beso

Liliana G. dijo...

Quizás el desapego sea una coraza para que nada nos toque, para sufrir menos, para pasar por las calles de Madrid o de Buenos Aires sin temor a que nuestras nostalgias nos inunden, tememos ser cursis si las dejamos hacer.
Yo no conozco el desapego, por el contrario, todo me llega y me traspasa con una permeabilidad de paraguas roto. Me gusta empaparme de vida, y también, proferir improperios cuando me hace una zancadilla. Después de todo es la vida y uno es humano.

Tu texto, una vez más, mi querido Antonio, es estupendo. Me basta leer entre líneas para que se me disparen mil reflexiones, eso es lo mejor que puede darte un lector ¿a que sí? :)

Muchos besos y todos los abrazos.

Esilleviana dijo...

Al principio he pensado en la falta de cariño y alejamiento de la tierra natal, como efecto de la emigración. Toda persona que se siente obligada a abandonar su lugar de origen por circunstancias económicas, con los años sienten cierta nostalgia de sus recuerdos.
Pero tal vez esa indiferencia y distanciamiento pueda ser de alguna adicción que sufrió el protagonista del relato, algo que siempre ronda nuestra mente, no deja de aullar y de vez en cuando, araña y produce dolor. Soy ex-fumadora.

un abrazo A.

ps: me gusto el texto, también busqué al autor de Un asesino piadoso.

Alejo Z. dijo...

"...y me voy andando por la acera que da el Sol." Esta frase, como si de entre las sombras la luz a cada paso que se da, mostrara algo nuevo, permitiera no olvidar, sino despojarse de lo añejo de lo acostumbrado, y en su lugar abrazar aunque sea por un momento el paisaje que brilla. Qué sé yo Antonio: lo leí como un texto teñido de un magnífico color.
Un abrazo.