Thomas Bernhard



"Uno nunca sabe quién es. Son los demás los que le dicen a uno quién y qué es ¿no? Y como esto uno lo oye millones de veces en su vida, por poco que ésta sea larga, acaba por no saber en absoluto quién es. Todos dicen algo distinto. Incluso uno mismo está siempre cambiando de parecer"

http://www.thomasbernhard.com/



domingo, 22 de enero de 2012

desapego


Por el barrio Salamanca Madrid es una mujer bonita. Un poster siempre supera la realidad. Viajo por el sol de enero entre edificios de siempre y desde el idiez veo a Guelbenzu. Un impulso de alegría me pone frente a él y le hablo de cuando hace veinte años en la escuela..., de lo que le gustan a Sun sus últimas novelas, de la última vez que nos vimos en Parayas. El me cuenta su retiro, me dice que agradece que le diga que nos gustan las historias de la Jueza de Marco... porque uno nunca sabe lo que le gusta de verdad a la gente.  Nos despedimos con un apretón de manos y me voy andando por la acera que da el sol. Giro en la sombra por la esquina de Claudio Coello con Ayala. Entro en la platería y me reúno con el tipo Argentino que me habla con exigencias de cliente, incluso me amenaza con irse a la competencia. Le digo eso de que al día siguiente de que se vaya para mí ya es un cliente potencial. El tipo me mira con curiosidad, buscando preocupación, temor,  miedo.  No sé lo que podrá ver por encima de sus gafas, ni siquiera cuando pienso que hoy me siento generoso... , que han debido de pasar siete años desde que decidiera intentar entender eso que llaman, desapego

En el idiez  suena la música cuando entro en Serrano. El sol atraviesa el parabrisas y el humo del PALL MALL inunda el habitáculo. La ciudad brilla.  

domingo, 8 de enero de 2012

Elevación


Al padre de Alberto , a Miguel Carbajo, In memoria

Dice Juan Echanove que: “Lo que más me gustaba de Miguel Carbajo era su bonhomía . Sin lugar a dudas.” 

Y yo eso ya lo sabía cuando Alberto me hablaba de él...,  pero esta mañana al descubrir la  noticia sentí que nos quedaron pendientes muchas cosas,  comprendí  que esas cosas que nosotros no sabemos apreciar se desmoronaron ya con su muerte... y solo queda en la memoria imaginar y observar al trasluz las partículas flotantes de una conversación que nunca tuvimos, y que ya no tendrá lugar,  la oportunidad  sin esperanza, no es oportunidad.

En cada sobremesa, Alberto me hablaba de Miguel y de Mar. Adoraba a su Padre y a su mujer, había superado,  después de los años,  una distancia difícil. En los últimos tiempos, empezó a comprenderlo y el viejo, se convirtió para él en un amigo.  El viejo creció en su percepción cuando aprendió a mirarlo como a un individuo y pudo descubrir al ser humano, dejando atrás al padre que hacía dieciocho años se había apartado de ellos,  y pronto,  amplió todos los horizontes.  Aprehender la vida es aprender a vivir.

Esta mañana hablé con Alberto, me dijo que se fue bien, que se fue tranquilo:

Elevación ( Charles Baudelaire)

Por encima de estanques, por encima de valles,
De montañas y bosques, de mares y de nubes,
Más allá de los soles, más allá de los éteres,
Más allá del confín de estrelladas esferas,

Te desplazas, mi espíritu, con toda agilidad
Y como un nadador que se extasía en las olas,
Alegremente surcas la inmensidad profunda
Con voluptuosidad indecible y viril.

Escápate muy lejos de estos mórbidos miasmas,
Sube a purificarte al aire superior
Y apura, como un noble y divino licor,
La luz clara que inunda los límpidos espacios.

Detrás de los hastíos y los hondos pesares
Que abruman con su peso la neblinosa vida,
¡Feliz aquel que puede con brioso aleteo
Lanzarse hacia los campos luminosos y calmos!

Aquel cuyas ideas, cual si fueran alondras,
Levantan hacia el cielo matutino su vuelo
-¡Que planea sobre todo, y sabe sin esfuerzo,
La lengua de las flores y de las cosas mudas!


Madrid, 8 de enero de 2012
Antonio Misas


sábado, 31 de diciembre de 2011

puede que alguien viajara sin billete de vuelta en ese tren


En un vagón de metro, el  viernes treinta,  la chica menuda iba leyendo Wilt sentada entre dos tipos  con cara de que se daban cuenta,  que el mundo era solo un yogurt perdido.  Los viernes la luz del metro alumbra tus zapatos, y en ellos se puede ver  la suciedad de toda la semana. Puede que  Wilt en ese momento se encontrara en una barbacoa a punto de tener problemas... cuando la chica menuda levantó la mirada y nos dio un repaso a todos. Supongo que pensó; es el último viernes  del año y son las ocho, el metro no refleja la alegría que hay en las calles. Nos miró con arrogancia y vio tipos resignados a su suerte, acojonados por los nuevos del Gobierno, tipos tristes atrapados en el tedio de su vida, que beben cerveza y tratan de ignorar en todo lo posible a su esposa...
Nos bajamos en Alonso Martínez y vi como la chica se perdía entre la gente por los interminables pasillos del mundo suburbano de Madrid, donde nadie vive, donde todo el mundo lee o piensa. 
Al salir a la calle, sentir el frío fue un lugar mejor.   

Madrid, 31 de diciembre de 2011
Antonio Misas