Thomas Bernhard



"Uno nunca sabe quién es. Son los demás los que le dicen a uno quién y qué es ¿no? Y como esto uno lo oye millones de veces en su vida, por poco que ésta sea larga, acaba por no saber en absoluto quién es. Todos dicen algo distinto. Incluso uno mismo está siempre cambiando de parecer"

http://www.thomasbernhard.com/



sábado, 15 de enero de 2011

Todo lo que pienso es cine,

y mientras recorro los pasillos del suburbano metido en el abrigo, con el portátil colgado al hombro, pensando que pensamos en como adornar los momentos menos gratificantes de nuestra vida y observando a la gente dispar que va leyendo, me voy mezclado con estos disparates que surgen de las ideas por interminables escaleras mecánicas que me trasportan al exterior.

Cualquier novela es un guión de cine no adaptado y como dice Memba cuando habla de Lovecraft; “En mayor o menor medida, la creación literaria siempre obedece a las obsesiones de su autor”, así mismo nuestra vida llena de adornos trascurre en un metraje, basado en un guión que nos vamos inventado para no hacernos la pregunta de cómo hemos de vivir, y seguir viviendo como nos viene. Incapaces también, en menor o mayor medida, de rozar la creación literaria, al menos, la apreciada por los intelectuales al uso en esta cosa de los blogs donde nos refugiamos después de haberlo dado casi todo por perdido.

Salgo por la boca del metro de tribunal, bajo por Divino Pastor y le compro pan a la China. En Manuela Malasaña entro en el Maravillas a sacar tabaco porque la máquina acepta billetes y cuando salgo todo el mundo está fumando fuera y les importa tres cojones la educación, no me dejan pasar, y empiezan a caérseme los adornos, las ideas disparatadas en blanco y negro, y el seguimos viviendo como nos viene lo cambio por, cómo nos dejan los que imitan a aquello que decía Unamuno ¡Que inventen ellos!.

Y me veo enervado e inmerso en otra película. Así son los padres de la patria ésta en la que nacimos, muy capaces de aspirar al poder, pero nada más. Incapaces de crear un lugar apacible donde convivir porque no saben, y piensan que aislarse de la comunidad internacional supone estar perdido pero, si todo esto que pienso es cine, yo quiero que nos gobierne Orson Welles y que en esta película también haya un Charles Foster Kane y antes de morir vuelva a decir: “Rosebud”.

Madrid, 15 de enero de 2011
Antonio Misas

miércoles, 5 de enero de 2011

La despedida de Mikel

Entramos en el Pigmalión. El negociador era Vincent y después de muchos intentos no fue posible; aquellas señoras, cada una de ellas, nos cobraban cien mil pesetas por una noche desenfrenada para Mikel. Apuramos las copas y salimos a la calle.

La novia de Mikel estaba ya de ocho meses y la boda era inminente, decidimos pasar a recogerle por Bilbao y bajarnos a Madrid, perdernos por Madrid.

A la salida de Pigmalión nos abordó un tipo con papeles en la mano. Vincent acordó con él que nos invitaban a unas copas. Aquel tipo debió de pensar que éramos un equipo de futbol. Mikel iba en el coche que conducia Vincent, con los otros, y con aquel tipo. Los demás íbamos en el otro apretados y entre el humo de los porros. Llegamos a una calle cualquiera del Viso y aparcamos en la puerta de un chalet, nos bajamos descojonándonos de risa y entramos en fila india. Dentro, nos metieron en un salón y empezaron a desfilar las chicas en ropa interior. La madame iba diciendo sus nombres. Entonces Mikel eligió a la chica gordita, a la más vestida, a la rubia, a la de la cara de ángel. Aquella chica tenía un parecido monumental con su novia.

Vincent, volvió a negociar y le sacó dos horas por cuarenta mil, entre tantos, tocaba a poco, así que pedimos unas botellas de güisqui y seguimos dándole a la maría. Mikel, era el que más ciego estaba, apuró la copa, dio unas caladas y se fue con ella...

Entraron en la habitación y Mikel se quito la ropa a toda prisa y se tumbó en la cama. La luz era tenue. Ella se desnudó y se subió encima de él. Cuando Mikel vio que aquella mujer llevaba un esparadrapo cubriendo su pezón derecho, cerró los ojos y le dijo,... quiero que me des un poco de tierra para taparme.

Madrid, 5 de enero de 2011
Antonio Misas

sábado, 1 de enero de 2011

la luz artificial

El día treinta y uno de diciembre un emigrante sudamericano entró en el vagón, sacó la guitarra de la funda y después de un discurso tímido se puso a cantar una canción Mexicana que hablaba de Jalisco. La señora de tez morena, estaba sentada, parecía cansada y cerró los ojos. El hombre, cuando acabó de cantar, sacó su monedero y se lo acercó a los viajeros.  La señora abrió los ojos y miró a los fluorescentes del techo. El hombre enfundó la guitarra y se fue a otro vagón.  Ella nunca le miró. 
Madrid, 1 de enero de 2011
Antonio Misas

lunes, 20 de diciembre de 2010

flores negras

Son las cinco y media de la madrugada, regreso andando de Huertas, subo por Montera. Las putas me preguntan adónde voy y me llaman guapo. Las miro y recuerdo cuando Martín me decía que irse con una puta es como mear a un pobre. Se abalean  las ideas cuando pienso estas cosas pero sé que solo es frio de diciembre. Me entran hilos de cobre por la piel. Ando mecánicamente y ya no me siento seguro cuando voy borracho. Las cosas no son como antes. Las emociones se disparan en navidad pensando en los que faltan, en la división y en el miedo a la muerte, en la soledad de mi viejo, en la tristeza de mi madre. Enciendo un cigarrillo. Los pobres tienen guantes. Llevo una bufanda de Pablo, él está en Paris. Quiero poner la mente en blanco, pensar cosas positivas, que no pasen las otras ideas.

Yo no las veo como Martín, las veo como flores en jardines del ayuntamiento, como amapolas que crecen en los cementerios, en la Almudena. Yo sé que Dios está en todas partes, hasta en las putas.

Madrid, 20 de diciembre de 2010
Antonio Misas